Nearshoring y soberanía digital: la hora de México

México tiene la oportunidad histórica de dejar de ser un territorio de extracción para convertirse en un espacio de creación tecnológica.

Fecha: 14 de agosto de 2026

Por Fernando Pascual Quezada Rodríguez

Nearshoring y soberanía digital: la hora de México.

El nearshoring ha colocado a México en el centro del tablero geopolítico. Las cifras de Inversión Extranjera Directa (IED) así lo confirman: 36,872 millones de dólares en 2024 y 40,871 millones en 2025, con una porción creciente destinada a centros de datos y semiconductores. Gigantes como Amazon Web Services (30% del mercado, 5 mil mdd), Microsoft Azure (25%, 1.1 mil mdd) y CloudHQ (4.8 mil mdd en Querétaro) están construyendo los cimientos físicos de nuestra futura economía digital. A ello se suma el cable submarino MANTA (5,600 kilómetros, operación en 2027), que conectará a México con Estados Unidos, Panamá y Colombia, impulsado por un consorcio privado extranjero.

Sin embargo, frente a este optimismo inversionista, debemos hacer una lectura estratégica. Como advertía Francis Bacon, el conocimiento es poder; pero en el tecnofeudalismo —concepto acuñado por Yanis Varoufakis— ese poder ya no sirve para dominar la naturaleza, sino para dominar la conducta humana mediante algoritmos. En este nuevo orden, los datos son la nueva moneda, y las plataformas digitales actúan como señores feudales que extraen valor de nuestras preferencias y comportamientos. El desafío para México no es menor: construir de manera simultánea las capacidades institucionales, normativas y tecnológicas para ejercer soberanía digital, mientras se reciben inversiones que consolidan la infraestructura física del país como hub digital.

Una carrera contrarreloj.

El gobierno mexicano ha mostrado señales claras de que entiende la urgencia. El Plan México es el eje articulador de una estrategia que busca vincular inversión privada, innovación tecnológica y desarrollo regional. La apuesta por los semiconductores —como señala el informe de la OCDE “Promoting the Development of the Semiconductor Ecosystem in Mexico” (2026)— y por la integración de minerales críticos (litio, cobre, tierras raras) en cadenas de valor nacionales no es casualidad: responde a un diagnóstico compartido sobre la necesidad de escalar en la economía del conocimiento y dejar atrás el simple extractivismo.

En el plano legislativo, el trabajo no se ha detenido. La Comisión de Análisis, Seguimiento y Evaluación sobre la aplicación y desarrollo de la Inteligencia Artificial en México tiene bajo su responsabilidad 49 iniciativas turnadas, lo que refleja un debate abierto y profundo sobre cómo regular la IA, la ciberseguridad y los neuroderechos. Aunque algunas propuestas han sido desechadas —como parte del proceso natural de depuración legislativa—, existen proyectos en trámite que buscan establecer un enfoque basado en niveles de riesgo, similar al modelo europeo, y crear instituciones especializadas para la supervisión ética y técnica de estas tecnologías. Este movimiento legislativo es señal de un Poder Legislativo que analiza a fondo las implicaciones de la era digital, en un debate que apenas comienza a madurar.

Acelerar el paso y profundizar la estrategia.

La inversión privada de 100 mil millones de dólares anunciada por la presidenta Sheinbaum es el combustible; pero el motor debe ser una visión de largo plazo que integre cuatro dimensiones estructurales:

1. Soberanía digital y regulación proactiva: No se trata de rechazar la inversión extranjera, sino de domesticarla al servicio de un proyecto nacional. Ello implica que el Congreso continúe avanzando en la discusión y aprobación de leyes generales en materia de IA, ciberseguridad y neuroderechos, con un enfoque de derechos humanos que prohíba sistemas de puntuación social y exija auditorías algorítmicas supervisadas por el Estado. También es fundamental establecer una “aduana digital” que regule el flujo transfronterizo de datos, siguiendo los modelos de la Unión Europea y China.

2. Ecosistema de semiconductores integrado: México ya participa en ensamble, prueba y empaque. El salto cualitativo consiste en escalar hacia diseño de circuitos, empaquetado avanzado y manufactura de mayor sofisticación. Esto requiere incentivos vinculados a transferencia tecnológica, desarrollo de proveedores y vinculación sistemática entre universidades, centros de investigación e industria.

3. Geopolítica de minerales críticos: Litio, cobre y tierras raras son la base de la electromovilidad y los semiconductores. México no puede limitarse a exportar materias primas; debe desarrollar capacidades de refinación y manufactura avanzada que integren estas cadenas de valor en territorio nacional, generando empleos técnicos y reduciendo brechas regionales.

4. Infraestructura energética, hídrica y talento especializado: Los centros de datos, las plantas de semiconductores y las refinerías de minerales críticos requieren electricidad confiable, agua en cantidad y calidad suficientes, y personal capacitado. Sin estas bases, ninguna inversión florecerá. Por eso, los 100 mil millones de dólares deben traducirse en empleos formales, mejores salarios y movilidad social; no en plantas que operen con tecnología importada y mano de obra no calificada.

La oportunidad está abierta, pero exige decisión.

México tiene la oportunidad histórica de dejar de ser un territorio de extracción para convertirse en un espacio de creación. Pero para ello, necesitamos algo más que dólares: necesitamos visión estratégica, coordinación institucional y un compromiso firme con la innovación tecnológica como motor de desarrollo nacional.

El verdadero impacto dependerá de la capacidad del país para articular una política industrial coherente, alianzas público-privadas responsables y una agenda educativa, energética y regulatoria alineada con estándares internacionales.

La batalla por el relato —como bien apunta Juanma del Olmo— no se libra solo en los medios, sino en los algoritmos y en las cadenas de valor que definen nuestro lugar en el mundo. México no es un espectador pasivo; es un arquitecto en construcción. El Plan México y el trabajo legislativo en marcha son las herramientas; la voluntad política, la inteligencia colectiva y la inversión privada, el combustible. El futuro está en nuestras manos.


Referencias clave que sustentan este artículo:

  • OCDE. (2026). Promoting the Development of the Semiconductor Ecosystem in Mexico. [Informe técnico que identifica fortalezas y retos estructurales].
  • Varoufakis, Y. (2024). Tecnofeudalismo. Ariel. [Concepto central sobre el extractivismo digital].
  • Girado, G. A. (2025). Regulaciones en el sector de alta tecnología en China. Política China. [Marco legal chino de soberanía digital].
  • National Cyber Security Index (NCSI). Posición 68 para México (2025).
  • Comisión de Análisis, Seguimiento y Evaluación sobre la aplicación y desarrollo de la IA en México. Registro de 49 iniciativas turnadas (2023-2026).
  • Secretaría de Economía (México). Reportes de Inversión Extranjera Directa 2024-2025.
  • Proyecto MANTA. Comunicados oficiales de Liberty Networks, Gold Data y Sparkle (2025-2026).
  • Anuncio presidencial sobre inversión privada de 100 mil millones de dólares. Consejo Nacional de Inversiones, 2026.

Semblanza del autor

Fernando Pascual Quezada Rodríguez, abogado por la UAM-Azcapotzalco y maestrante en Transformación e Innovación Gubernamental (Colegio de Hidalgo), destaca por su incidencia en movimientos políticos, sociales, sindicales y electorales. Su mirada realista desentraña la relación entre política pública, gobernanza y competitividad económica. En Oxígeno Puro, aporta un análisis estratégico que conecta la innovación tecnológica y el desarrollo industrial con los procesos de toma de decisión. Una visión que no solo explica el presente, sino que convoca a la acción para construir futuro.


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