
En conferencia de prensa el 1 de julio, el secretario de Economía explicó con precisión técnica qué ocurrió, qué no ocurrió y cuáles son los 13 puntos que México llevará a la mesa del 20 de julio.
El secretario de Economía Marcelo Ebrard salió a conferencia de prensa la tarde del 1 de julio con un propósito claro: controlar el relato antes de que la desinformación lo hiciera. “El tratado que tenemos con Estados Unidos y Canadá tiene una vigencia hasta 2036. Eso no se ha modificado. Sigue vigente el Tratado México-EU-Canadá hasta 2036”, fue su primera oración. Todo lo demás fue contexto técnico, agenda negociadora y lectura de los mercados.
Qué ocurrió y qué no ocurrió: la aclaración de Ebrard
El secretario identificó las tres posibilidades que existían para el 1 de julio:
- Retiro del tratado: requiere seis meses de aviso previo. “Eso no ocurrió. Ninguna de las partes dijo ya me voy del tratado.”
- Extensión automática por 16 años: habría llevado el tratado hasta 2042. EE.UU. no tomó ese camino.
- Revisión anual durante los 10 años restantes: el mecanismo que se activó.
“No es sorpresa, ya lo sabíamos, ya lo había dicho Estados Unidos, ya lo había aclarado el embajador Greer en diversos foros.” La arquitectura jurídica del T-MEC fue diseñada con exactamente esta posibilidad en mente: si los tres países no acuerdan la extensión automática, el tratado no muere. Entra en un ciclo de revisiones anuales cuyo incentivo estructural es llegar a acuerdos.
El mecanismo: un dispositivo diseñado para negociar
Ebrard explicó la lógica del mecanismo desde una posición de autoridad: él y Greer fueron parte del equipo que redactó estas cláusulas en la negociación final. “El objetivo de ese dispositivo es: tienes una vigencia a 10 años, entonces tu incentivo, cada vez que haces una revisión cada año, es llegar a un acuerdo.”
Las cifras ilustran la dinámica. En 2025, la USTR presentó 54 puntos de preocupación. La inmensa mayoría se resolvió. En la carta que Greer envió hace un mes, los puntos se habían reducido a 14. México tiene 13 puntos propios. “Cada vez tienes menos. Porque ni modo que plantees cada año lo mismo que ya resolvimos.”
Las preocupaciones de EE.UU. y la propuesta de México
Greer le comunicó tres preocupaciones centrales: pérdida de empleos en manufacturas, dependencia excesiva de terceros países y déficit comercial con México y Canadá. La propuesta de México ante esas preocupaciones tiene una lógica estructural: si el problema es la dependencia de Asia, la solución es producir más en Norteamérica, no imponer aranceles entre socios.
“Reduzcan la 232. No tengamos aranceles entre nosotros y nos coordinamos mejor para producir en Norteamérica.” Ebrard señaló que México y EE.UU. comparten el problema: “Semiconductores el 90%. No producimos penicilina. Estados Unidos tampoco. Todo lo importamos.” La forma de reducir el déficit es ponerse de acuerdo en qué dejar de importar de Asia — porque ese es el origen del déficit.
El tema más difícil: industria automotriz y reglas de origen
El punto de mayor tensión es la industria automotriz y las reglas de origen, que Ebrard describió como “el principal punto de discusión con los Estados Unidos en todas estas conversaciones.”
La posición de México es clara: el T-MEC ya tiene las reglas de origen más exigentes del mundo. “Ningún competidor tiene que tener 75% de integración regional. Ninguno. ¿Cómo es posible que Corea del Sur, Japón y la UE tengan 15 sin reglas? Y nosotros tenemos 25 más reglas.”
El argumento de fondo: los vehículos fabricados en México tienen hasta 60% de componentes estadounidenses. “Por ejemplo, unas pick-ups que mandamos a Estados Unidos, el motor está hecho en Estados Unidos y lo ensamblamos acá con otras piezas. Cosa que no ocurre con lo que importan de otros países del mundo. Ahí el componente de Estados Unidos es cero.” Los aranceles a vehículos mexicanos son en la práctica aranceles que EE.UU. se aplica a sí mismo. Ebrard fue categórico: “Nosotros no permitiríamos que nuestra industria tenga una desventaja.”
El nuevo tema: seguridad económica y dependencia de Asia
Uno de los elementos más relevantes que Ebrard introdujo es la seguridad económica como nuevo eje de negociación, ausente o muy genérico en el texto actual del T-MEC. “Seguridad económica quiere decir desde tierras raras a cómo vas a proteger tu cadena de suministro, porque hay una tensión mundial que es mayor.”
“La implicación mayor que yo veo para el crecimiento económico de México está en la respuesta sobre cómo reducir la dependencia respecto a Asia, en lo que es sobre todo cómputo y electrónica. Porque Estados Unidos y México estamos importando miles de millones de dólares, de hecho si revisas este año es el motor principal, por la expansión de inteligencia artificial. Si lo resolvemos adecuadamente ambos países, su contribución al crecimiento sería muy grande.”
Canadá entra al proceso: la primera reunión trilateral
El 1 de julio fue la primera reunión trilateral de la revisión del T-MEC. “Hasta ahora no habíamos tenido una reunión trilateral. Entonces, Canadá ya entró, ya está.” La relación de México con Canadá es distinta: no hay puntos de fricción comercial entre ambos países, sino un plan de acción positivo aprobado en la visita del primer ministro Carney a la presidenta Sheinbaum, con comercio e inversión en aumento.
IED y mercados: la lectura de Ebrard
Ante la pregunta sobre impacto en la Inversión Extranjera Directa, Ebrard fue directo: “Yo pensaría que el mercado ya asumió que va a hacer una revisión anual. No es una sorpresa. Y por lo tanto, la tendencia que ves en IED, yo no creo que sufra un cambio tampoco imprevisto.” Agregó que sigue recibiendo empresas con inversiones pendientes de anuncio. La señal del 1 de julio no fue una ruptura — fue la confirmación de un escenario ya descontado.
Lo que sigue: 20 de julio y la primera revisión anual
La próxima fecha clave es la tercera ronda bilateral México-EE.UU. el 20 de julio. Su importancia no solo está en los acuerdos que pueda producir, sino en establecer los mecanismos y el formato de cómo funcionarán las revisiones anuales en adelante. “Este año va a ser cómo se establece, cómo va a funcionar la revisión anual.”
No hay fecha exacta para concluir la primera revisión anual. “La lógica te llevaría a que se termine este año, pues antes de que termine el año.” Si el patrón se repite — de 54 puntos a 14 entre 2025 y 2026 — cada ciclo anual reducirá gradualmente la lista de diferencias hasta que sea posible la extensión por 16 años.
Cierre editorial
La conferencia de Ebrard del 1 de julio fue un ejercicio poco común en la comunicación pública mexicana: un funcionario que explica con precisión técnica lo que ocurrió, lo que no ocurrió y lo que viene, sin eufemismos ni dramatismo. Su dominio del mecanismo jurídico del tratado — del que fue coautor — le permitió controlar el relato desde el primer minuto.
Lo que queda claro es que la no renovación del T-MEC no es el problema. El problema —y la oportunidad— es lo que México logre en las revisiones anuales. La agenda de 13 puntos, la posición sobre reglas de origen automotrices, la propuesta de sustitución coordinada de importaciones asiáticas y la incorporación de la seguridad económica como nuevo eje son los elementos que definirán el futuro comercial de América del Norte durante la próxima década. Ebrard dice que no ve una diferencia estratégica insalvable. Si tiene razón, la revisión anual puede ser el camino hacia un T-MEC más sólido. Si se equivoca, el horizonte es una década de incertidumbre creciente.
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