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CDMX, 5 de mayo de 2026.

El conflicto por Playa Cocinas, en Bahía de Banderas, Nayarit, ha escalado a la Cámara de Diputados. La diputada Andrea Navarro denunció un ecocidio en curso: obras sin permisos ambientales que destruyen el ecosistema costero. Además, señaló actos de represión contra defensores del libre acceso a la playa. Este caso no es un hecho aislado. Representa un síntoma de tensiones recurrentes en el país: el desarrollo turístico y la presión inmobiliaria sobre bienes nacionales, sin el diálogo ni la planeación estratégica que México necesita.

En México, las playas son bienes nacionales de dominio público. La Ley de Bienes Nacionales establece una Zona Federal Marítimo Terrestre (ZOFEMAT) de 20 metros contiguos a la costa, cuyo acceso no puede ser restringido. Sin embargo, en diversas regiones del país se documentan casos de privatización de facto.
El caso de Playa Cocinas evidencia esta contradicción. Empresas desarrolladoras han colocado maquinaria pesada y construido muros de piedra en la franja de arena, afectando un área de desove de tortugas marinas. Las protestas ciudadanas han sido recibidas con despliegues policiales, lo que ha generado un clima de creciente tensión social.

La zona afectada es un ecosistema costero de alta fragilidad. Las tortugas marinas, como la laúd y la golfina, utilizan esta playa para anidar. La remoción de arena, la compactación del suelo y la alteración de la pendiente natural afectan directamente el éxito reproductivo de estas especies.
Además, el daño no se limita a la playa. Las obras han alterado manglares y esteros adyacentes, impactando la calidad del agua y la conectividad ecológica de la región. Los pobladores han señalado que el ecosistema ha quedado devastado, comparándolo incluso con un cementerio.
Uno de los puntos más críticos es la ausencia de permisos ambientales vigentes. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) determinó que las obras no acreditaban condiciones de emergencia para proceder sin autorización expresa. Pese a ello, la construcción continúa bajo resguardo policial.
Las autoridades municipales reconocieron que no existe un permiso de construcción para la zona específica, lo que plantea serias interrogantes sobre los mecanismos de control territorial. La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ha iniciado supervisiones, pero el daño ya está en marcha. La falta de acción oportuna refleja fallas estructurales en la supervisión ambiental.

Más de 400 personas participaron en bloqueos en la carretera federal 200, exigiendo la suspensión de obras. La protesta dejó incomunicado el corredor turístico hacia Punta Mita y Sayulita para visibilizar su demanda: acceso libre, digno y garantizado.
La respuesta gubernamental incluyó la detención de tres activistas que documentaban las obras. Fueron trasladados a un centro penitenciario de alta seguridad en Tepic, para después ser liberados tras intensa presión social. La senadora Ivideliza Reyes calificó el conflicto como un punto de alta tensión social, donde el gobierno parece priorizar intereses económicos sobre el bienestar ciudadano.

El conflicto de Playa Cocinas expone la urgencia de repensar el modelo de desarrollo turístico en México. La prosperidad compartida no puede construirse a costa de la legalidad, los derechos colectivos y la integridad ambiental. Se requiere una estrategia nacional que fortalezca la capacidad de supervisión de Semarnat y Profepa, garantice la participación ciudadana y respete la soberanía de los bienes nacionales. El camino hacia un desarrollo sostenible exige decisiones firmes, diálogo genuino y voluntad política para anteponer el interés público sobre cualquier otro.
OXÍGENO PURO MX | oxigenopuro.com.mx | Periodismo con enfoque en desarrollo y prosperidad compartida.
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