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CDMX, 17 de junio de 2026.

El presidente brasileño alerta que el primer trillonario es más rico que el 46% más pobre y cuestiona el neoliberalismo y el estancamiento de la Agenda 2030.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, utilizó su intervención como invitado en la Cumbre del G7 en Évian, Francia, para lanzar una crítica frontal a la creciente desigualdad global y la concentración de la riqueza[reference:9]. Lula señaló que “el primer trillonario del mundo es más rico que el 46 por ciento más pobre de la población mundial”, en referencia al magnate Elon Musk, y atribuyó esta situación a “décadas de políticas en favor de los billonarios”[reference:10]. También cuestionó que los líderes de las naciones más ricas del mundo estén “aprisionados en dogmas que defienden la desregulación de mercados, el Estado mínimo y la austeridad fiscal”[reference:11].
Lula fue contundente al señalar que el neoliberalismo ha agravado la desigualdad económica y la crisis política, poniendo en riesgo las propias democracias[reference:12]. En su discurso, el mandatario brasileño argumentó que la extrema concentración de riqueza no es un fenómeno natural, sino el resultado de decisiones políticas deliberadas que han privilegiado a los más ricos durante décadas[reference:13]. Su crítica se enmarca en un contexto global donde la brecha entre países ricos y pobres se ha ampliado significativamente en los últimos años[reference:14].
Otro de los ejes centrales de la intervención de Lula fue el incumplimiento de la Agenda 2030 de la ONU. El presidente brasileño lamentó que los países estén avanzando “en dirección contraria” a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)[reference:15]. Advirtió que faltan cuatro billones de dólares para cumplir con las metas establecidas y que el año pasado la ayuda al desarrollo se redujo un 23 por ciento[reference:16]. Además, denunció que agencias clave como el Programa Mundial de Alimentos, Unicef y la Organización Mundial de la Salud han visto reducidos sus presupuestos de manera notable[reference:17].
La cumbre del G7, que se celebra en un contexto de tensiones geopolíticas y económicas, ha tenido como invitados a varios líderes de países en desarrollo. La presencia de Lula y su discurso crítico representan una voz disidente dentro de un foro dominado por las economías más ricas del planeta. El mandatario brasileño, que ha impulsado una agenda de justicia social y combate a la pobreza en su país, aprovechó el escenario para exigir un cambio de rumbo en las políticas económicas globales.
El mensaje de Lula resuena en toda América Latina, una región marcada por profundas desigualdades. Para México, las palabras del presidente brasileño son un recordatorio de los desafíos estructurales que enfrenta la región. La concentración de la riqueza y la falta de inversión en desarrollo social son problemas que también afectan al país. La postura de Lula podría abrir un debate sobre la necesidad de políticas más equitativas y de una mayor cooperación internacional para cumplir con los ODS.
La intervención de Lula en el G7 es un llamado de atención a las potencias mundiales. Su diagnóstico sobre la desigualdad, el neoliberalismo y el estancamiento de la Agenda 2030 es un reflejo de las preocupaciones de gran parte del sur global. Más allá de las diferencias ideológicas, sus palabras plantean una pregunta incómoda: ¿puede el mundo seguir permitiendo que la riqueza se concentre en manos de unos pocos mientras la pobreza y la exclusión se profundizan? La respuesta a esta pregunta definirá el futuro de la democracia y la estabilidad global. México, como actor relevante en la región, debe estar atento a este debate y construir políticas que prioricen el bienestar de las mayorías.
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