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CDMX, 1 de julio de 2026.

Las Naciones Unidas advierten que los beneficios de la inteligencia artificial se concentran en pocas empresas y países, y urgen a cerrar la brecha digital antes de que la tecnología profundice las desigualdades existentes.
La inteligencia artificial es la tecnología más transformadora de nuestro tiempo. También es, según las Naciones Unidas, una de las más desigualmente distribuidas. La aplicación de la IA puede fomentar la inclusión, reducir desigualdades y contribuir al avance del ochenta por ciento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Pero los beneficios de la IA se distribuyen de manera desigual, concentrándose en unas pocas empresas y países poderosos. Esa tensión — enorme potencial, distribución inequitativa — es el centro de la política global de la ONU sobre inteligencia artificial en 2026.
La IA abarca tecnologías que pueden definirse como “sistemas adaptativos de autoaprendizaje”: reconocimiento facial, comprensión del lenguaje, resolución de problemas, robótica, visión computacional y vehículos autoconducidos, entre otros. Sus recientes avances han sido impulsados por los avances en capacidad de procesamiento informático y el desarrollo de técnicas de manejo de datos.
La ONU trata la IA como un desafío global porque sus consecuencias son globales. Una tecnología que puede acelerar el 80% de los ODS puede también, sin gobernanza adecuada, profundizar las desigualdades entre países, amenazar los derechos humanos y desestabilizar los procesos democráticos.
La IA contribuye ya al avance de los ODS de formas concretas: diagnóstico y análisis predictivo en salud, seguimiento de cultivos y resiliencia climática en agricultura, aprendizaje personalizado en educación, y mapeo de crisis para respuesta humanitaria.
Dentro del sistema ONU, las aplicaciones son operativas. El PMA desarrolló Hunger Map LIVE, que monitorea la severidad del hambre en más de 90 países. El ACNUR opera Project Jetson para prever movimientos de población. Los Laboratorios Aceleradores del PNUD usan IA para detectar enfermedades de cultivos en África y residuos acumulados en América Latina y Asia. La OMS publicó directrices para el uso ético de la IA en salud con principios centrados en el bienestar humano y los derechos humanos.
Las Naciones Unidas identifican cuatro áreas principales de preocupación:
El Secretario General António Guterres es directo: muchas naciones tienen dificultades para acceder a las herramientas de la inteligencia artificial, lo que exige cooperación y solidaridad internacionales para cerrar la brecha en los países en desarrollo.
La revolución de la IA podría exacerbar las desigualdades económicas entre países ricos y pobres. La inversión y adopción desiguales implican que los países de renta alta se beneficiarán mucho más. Esta disparidad, especialmente pronunciada en África, puede agravar las brechas sociales y económicas ya existentes, en un momento en que los países en desarrollo enfrentan insuficiencia de infraestructuras digitales y acceso limitado a educación de calidad.
Para México y América Latina, esta advertencia es directamente relevante. La región tiene capacidad científica para participar activamente en el desarrollo de la IA — los 13 proyectos de la Secihti presentados el 1 de julio ante el Congreso, incluyendo la supercomputadora Coatlicue, van en esa dirección. Sin políticas de transferencia tecnológica y formación de talento, el riesgo de quedar como consumidor pasivo de tecnología importada es real.
El Secretario General creó el Órgano Asesor de Alto Nivel sobre Inteligencia Artificial, integrado por 39 expertos de diversas disciplinas, para analizar la situación y recomendar estrategias de gobernanza internacional con enfoque inclusivo y global.
El Pacto Digital Global, adoptado en septiembre de 2024 junto con el Pacto por el Futuro y consensuado por los 193 Estados miembros de la ONU, proporciona una hoja de ruta para mejorar la colaboración digital mundial y cerrar las brechas digitales existentes. Compromete a los gobiernos a respetar el derecho internacional y los derechos humanos en el espacio digital.
El Panel Científico Internacional Independiente sobre IA, creado en el marco del Pacto, está integrado por 40 expertos y es el primer organismo científico global dedicado a evaluar cómo la IA transforma las sociedades. Producirá un informe anual sobre oportunidades, riesgos e impactos de la IA.
El Secretario General es enfático: “el destino de la humanidad no puede dejarse en manos de un algoritmo”. El control humano sobre las decisiones relativas al uso de la fuerza es una línea que la ONU no está dispuesta a negociar.
“Sin las debidas garantías, la inteligencia artificial podría exacerbar aún más las desigualdades y las brechas digitales y afectar de manera desproporcionada a los más vulnerables. Debemos aprovechar esta oportunidad histórica para sentar las bases de una gobernanza inclusiva de la IA, en beneficio de toda la humanidad.”
El documento de la ONU sobre inteligencia artificial no es un catálogo de amenazas. Es un mapa de posibilidades condicionadas por decisiones políticas. La IA puede acelerar los ODS o profundizar las desigualdades. Puede salvar vidas en crisis humanitarias o generar deepfakes que influyan en elecciones. Puede democratizar el conocimiento o concentrar el poder tecnológico en un puñado de actores.
Lo que determina cuál de esos futuros se materializa es la gobernanza. México, al construir su agenda de soberanía tecnológica y la discusión regulatoria que la presidenta Sheinbaum anunció para julio, tiene la oportunidad de hacer una contribución propia a ese debate global. No como receptor pasivo, sino como actor con voz y capacidad propias. El Pacto Digital Global firmado por 193 países indica que el espacio para esa participación existe. Aprovecharlo es una decisión política, no solo técnica.
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