
La Presidenta abre la puerta al gas no convencional, pero exige garantías ambientales y la opinión de las comunidades cercanas a los yacimientos.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo confirmó este 6 de agosto la apertura del gobierno federal a la explotación de gas no convencional mediante fractura hidráulica (fracking), pero condicionó cualquier proyecto a la realización de una consulta pública informada en las zonas cercanas y a la verificación de que exista agua salada en el subsuelo para no comprometer el agua dulce destinada al consumo humano y al riego agrícola[1][2]. La mandataria presentó los primeros resultados del Comité Científico sobre Soberanía Energética y Yacimientos de Gas Natural No Convencionales, que muestran la viabilidad técnica del método[3][4], y enfatizó que su gobierno busca la soberanía energética “garantizando los mínimos impactos ambientales”[5][6].
El fracking se presenta como una opción para aprovechar los recursos energéticos del país.
Una ruta con condiciones claras
Además, es fundamental considerar los impactos sociales que puede generar el fracking en las comunidades locales.
Sheinbaum fue enfática al establecer las condiciones para cualquier proyecto de fracking. “Que haya una consulta pública antes de iniciar cualquier tipo de producción en la zona para que la población, en caso de población cercana… pueda decir si está de acuerdo o no está de acuerdo con este tipo de explotación”, sostuvo[7][8]. Además, subrayó que primero deben asegurarse de que existe agua salada en el subsuelo, porque “no se puede usar agua dulce, porque está comprometida para el consumo humano y para el riego agrícola”[9][10]. La mandataria precisó que los trabajos continuarán y en dos meses se presentarán más resultados[11][12].
El debate sobre la postura de Sheinbaum en campaña
En este contexto, el fracking podría ofrecer una alternativa viable para la producción de energía.
Uno de los puntos que ha generado controversia es la declaración de la Presidenta de que “nunca lo dije en campaña como tal” en referencia a una postura en contra del fracking[13][14]. Diversos medios han recordado que durante su campaña de 2024, Sheinbaum se pronunció en contra de esta práctica y que incluso incorporó ese compromiso como el número 87 de sus propuestas[15][16]. Organizaciones como Fundar han señalado que el fracking “no garantizará la soberanía energética y no nos conducirá a una transición energética justa”[17][18].
Viabilidad técnica y zonas con potencial
El Comité Científico, integrado por especialistas, presentó conclusiones que avalan la viabilidad del fracking en ciertas regiones del país[19][20]. De acuerdo con información de expertos, las zonas con mayor potencial se ubican en el noreste del país, específicamente en las cuencas de Sabinas-Burro Picachos, en Coahuila y Nuevo León, así como en Burgos[21][22]. Estos yacimientos podrían permitir a México reducir su dependencia del gas natural importado de Estados Unidos, que actualmente representa el 75% del consumo nacional[23][24] y se utiliza para generar más del 60% de la electricidad[25][26].
Soberanía energética y desarrollo sustentable
Sheinbaum enmarcó esta decisión en la búsqueda de la soberanía energética para “evitar depender cada vez más del exterior”[27][28]. La mandataria insistió en que el desarrollo debe ser sustentable, entendido como “desarrollo económico con justicia social y protección al medio ambiente”[29][30]. Sin embargo, organizaciones ambientales han advertido sobre los graves impactos del fracking, como el uso intensivo de agua (entre 9 y 29 millones de litros por pozo)[31][32], la contaminación de mantos acuíferos y los riesgos para la salud[33][34].
🔗 Recursos externos de interés:
- Secretaría de Energía (SENER)
- Petróleos Mexicanos (Pemex)
- Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat)
- Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)
- Agencia Internacional de Energía (IEA)
Cierre editorial
La apertura de Sheinbaum al fracking, aunque condicionada, representa un giro en la política energética de México que deberá ser analizado con cuidado. La promesa de consulta pública y el uso de agua salada son salvaguardas importantes, pero la experiencia internacional muestra que esta práctica conlleva riesgos ambientales y sociales significativos. El desafío para el gobierno será garantizar que la soberanía energética no se alcance a costa del bienestar de las comunidades y de los recursos naturales. El debate sobre el fracking en México apenas comienza, y la transparencia y la participación ciudadana serán clave para construir un consenso informado.
Por lo tanto, el debate sobre el fracking debe incluir todas las voces interesadas para garantizar un enfoque equilibrado.
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