Ni ingenuos ni populistas: México en la era de la IA

México en la era de la IA: la información no informa, forma ejércitos

Ilustración abstracta de líneas verdes y doradas que forman curvas y se transforman en trazos paralelos luminosos.
Ilustración abstracta sobre flujos de información y conexiones digitales.

Miguel Cantero

En breve

  • México en la era de la IA: la columna analiza la movilización digital en Brasil a partir de Nexus, de Yuval Noah Harari.
  • Plantea riesgos democráticos relacionados con bots, contenido sintético y métricas infladas.
  • Propone transparencia de campañas y una red de datos soberana con auditoría distribuida.

La remontada de Lula en WhatsApp confirmó la tesis central de Nexus, de Yuval Noah Harari: la información no se impone por describir bien la realidad, sino por conectar personas. México tiene siete meses para tomar nota. Mi propuesta: una red de datos soberana, auditada por todos.

La información no informa: forma

En Nexus, Harari sostiene que la función principal de la información no es describir la realidad, sino conectar personas. Juega con la palabra: más que informarnos, nos pone en formación, como una marcha pone en formación a los soldados.

Brasil lo llevó al pie de la letra. El 4 de octubre, Lula quedó segundo detrás de Flávio Bolsonaro; tres semanas después ganó con 51.8%. En medio, un canal de WhatsApp llamado Exército do Lula pasó de unos 60 mil seguidores a casi 11 millones de “soldados” con misiones diarias: reclutar, reenviar, posicionar hashtags. No era un noticiero. Era un ejército.

El relato le gana al dato

Harari insiste en una idea incómoda: nadie sigue a una persona, sigue el relato sobre esa persona. Las marcas, los líderes y hasta los héroes son historias bien contadas.

La campaña de Lula lo entendió. Limitó la IA en las piezas del candidato —aunque algunos aliados sí la usaron— y apostó por videos caseros, grabados como selfie, con un octogenario tomando café en su casa. Cuando su rival se burló en un debate de su dedo perdido, Lula contó cómo lo perdió en una fábrica, y Janones convirtió la anécdota en consigna: #SomosTodos9Dedos.

Flávio Bolsonaro hizo lo contrario: jingles con IA, videos como piloto de combate y una recreación digital de su padre, inhabilitado para hacer campaña, respaldándolo. Harari recordaría que la autenticidad también es un relato. Solo que, en una elección saturada de contenido sintético, fue el que mejor conectó.

Humanos falsificados

Para Harari, lo inédito de la IA es que no es una herramienta, como la imprenta o la radio, sino un agente: decide qué circula y produce contenido por sí misma, incluso personas que no existen.

En Brasil, votantes ficticios y noticieros falsos generados con IA sumaron al menos 21 millones de vistas en TikTok. Y ninguno de los dos ejércitos fue impecable: el verificador Aos Fatos contó 17 mensajes falsos o engañosos en la primera semana del canal de Flávio, y analistas señalaron contenido de origen dudoso también en el de Lula.

Harari retoma una propuesta del filósofo Daniel Dennett: así como castigamos a quien falsifica billetes para proteger la confianza en el dinero, debemos castigar a quien falsifica humanos para proteger la confianza entre nosotros. Una democracia no sobrevive si ya no sabemos si discutimos con un vecino o con una máquina.

Métricas infladas, democracia a ciegas

Mi tesis es simple: hay que acabar con los bots que solo existen para engañar inflando métricas. Seguidores, vistas, “me gusta” y tendencias cada vez miden menos a personas y más a presupuestos y granjas de cuentas. En Brasil, Aos Fatos documentó una red de 255 perfiles que sumó 58 millones de vistas en un mes.

Harari lo explica en Nexus: los algoritmos creen descubrir lo que la gente quiere cuando en realidad lo están condicionando. Si las métricas mienten, nadie —ni candidatos, ni medios, ni encuestadoras, ni ciudadanos— puede saber qué piensa realmente la sociedad. Y una democracia que no puede medirse con claridad decide a ciegas.

La regla debe ser clara: fabricar o comprar interacción para simular apoyo es un fraude a la conversación pública. Toda cuenta automatizada debe identificarse como tal, y toda medición que se publique debe poder auditarse.

Corregirse a tiempo

El remedio que propone Nexus no es más tecnología, sino instituciones con mecanismos fuertes de autocorrección: árbitros capaces de detectar sus errores y enmendarlos antes de que sea tarde.

Brasil los tenía. Su tribunal electoral obligó a etiquetar todo contenido hecho o alterado con IA y prohibió difundir material sintético nuevo en las 72 horas previas a la votación. Aun así acumuló al menos 353 casos sobre contenido digital y desinformación, suspendió dos veces el canal de Lula y cambió reglas a mitad de la campaña, lo que alimentó acusaciones de censura. Harari lo advierte: la autocorrección tiene límites, porque también puede socavar el orden; por eso las reglas deben ser claras.

México llega al 6 de junio de 2027, con más de 19 mil cargos en juego, sin regulación específica. La propuesta de etiquetar la IA en campañas naufragó en marzo con la reforma electoral. Antes de que arranquen las campañas hacen falta tres cosas:

  • Etiqueta obligatoria para todo contenido político hecho o alterado con IA.
  • Canales con nombre y apellido: quien opere un canal o grupo para una campaña debe registrarse y transparentar quién lo coordina y quién lo paga.
  • Reglas estables desde ahora, para que el INE y el Tribunal Electoral corrijan sin improvisar.

Mi propuesta: una red de todos

Harari escribe que el poder se concentra donde convergen los canales de información: ahí está, literalmente, el nexus. Por eso propongo que ese punto no lo controle una plataforma extranjera, un gobierno o un partido, sino una red colectiva auditada por todos.

  • Soberanía de datos. El dato no es mercancía: es persona. Los datos de los mexicanos deben pertenecer a sus titulares y regirse por reglas mexicanas, no servir de materia prima a plataformas que deciden en otra jurisdicción. Es la respuesta al colonialismo de datos que describe Harari.
  • Blockchain como notario. Sellar en una cadena criptográfica el origen de la propaganda, el registro de cada canal de campaña y cada encuesta publicada, para que nadie pueda alterarlos sin dejar rastro.
  • Nodos en muchas manos. Que partidos, universidades, medios, autoridades electorales y ciudadanos sostengan la red, y que cualquiera pueda auditarla.

El propio Harari advierte que un gobierno que controle 51% de un blockchain podría borrar personas de la historia con solo apretar un botón. Por eso la clave no es la tecnología, sino que nadie la controle solo. Un blockchain no vuelve verdadero lo falso; impide reescribirlo en silencio. Eso es lo que pide Nexus: hacer visible el error para poder corregirlo.

Ni ingenuos ni populistas

Harari cierra Nexus con una advertencia doble: es ingenuo creer que más información producirá más verdad, y es populista creer que toda información es un arma. La salida es menos vistosa y más urgente: instituciones que se corrijan a tiempo.

Las democracias, escribe, no mueren solo cuando la gente no puede hablar, sino cuando ya no quiere o no puede escuchar. Esta no es una causa de izquierda ni de derecha: el próximo ejército digital puede ser de cualquiera. Y la soberanía del siglo XXI se juega, también, en distinguir lo real de lo fabricado.

Fuentes

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